Tal y como prometí, hoy quiero hablar de cómo fue el asadero del pasado sábado. Antes de todo, decir que me he dado cuenta de que la gente que no es canaria no ha entendido qué significa "asadero". Yo pensaba que la palabra se utilizaba en toda España, pero veo que no, así que os aclaro que quiere decir "barbacoa".
El viernes, mientras os escribía la entrada, estaba a punto de comenzar a prepararlo. Nada más terminar las clases, rápidamente comí y fui a la playa con unos compañeros. Allí, bajamos una cuesta interminable y nos encontramos con que tenía un aspecto horrible: llena de basura y de bolsas volando por los aires. Un asco, vamos. Resultaba evidente que la playa estaba así porque nosotros no éramos los únicos que habían hecho alguna fiesta en el mismo lugar. Intentamos arreglar el sitio un poco dentro de lo posible, pero resultaba muy complicado porque hacía mucho viento.
Estuvimos unas cuatro horas organizando el lugar. Uno de los mayores problemas con los que nos encontramos es que no teníamos suficientes mesas para poder montar un puesto lo suficientemente grande como para que entrásemos todos. A su vez, se nos unió el problema de las luces, que no lográbamos colgar. Y, para colmo, el motor también nos trajo de cabeza: no logramos hacernos con él hasta unos minutos antes de comenzar la fiesta. Todo esto, claro, bajando botellas y botellas de bebida, que no pesaban poco precisamente.
Y la fiesta comenzó. No nos podemos quejar de lo bien que lo hizo: empezó a entrar un montón de gente, la mayoría de ellos muy simpática. La barra desde donde servíamos estaba completamente llena: había tanta gente que no pudimos seguir los turnos que habíamos montado, sino que tuvimos que trabajar todos a la vez. Era tanta gente que mucha se quedó con las ganas de comer algo, porque no podíamos llevar un orden para servir.

Sin embargo, a las pocas horas comenzaron los problemas. Y el primero de ellos fue, como era de esperar, el motor. Dejó de funcionar de repente y tardamos unos 20 minutos en conseguir gasolina para poder rellenarlo. Pero poco a poco el cansando iba llegando y algunos tuvimos que descansar durante un rato.
Durante el asadero, no sólo nos encargamos de la comida y de la bebida. Además, tuvimos que vender unos chupa-chups para ganar algo más de dinero para el viaje. Fue realmente complicado venderlos, y más tratándose de mi, un chico. Una amiga me ayudó, y empecé a venderlos como churros. Era de esperar, ¿no? Tras esto, me dediqué durante un rato a limpiar la playa, para sobre las 3 de la mañana comenzar a desalojar todo.
Aquí llegaron los problemas. Mientras comenzábamos a hacer recorridos desde abajo hacia arriba para llevar toda la comida y la bebida sobrante a los coches, nos enteramos de que ciertas personas nos habían estado robando botellas de bebida. Algunos hasta nos robaron cervezas (¡lo peor es que eran marca blanca! ¡ya hay que ser...!). Y, en uno de estos recorridos, alguien se llevó uno de los altavoces que habíamos alquilado. Lo peor es que lo hizo tan naturalmente... ¡que no nos dimos cuenta! 500 euros que nos salió la broma.
Tras unos cuantos problemas con algunos compañeros, dieron las 6 de la mañana y yo ya rogaba a una de mis compañeras que me llevase a casa. Tras una ducha en la que descubrí que me había llevado la playa entera a casa dentro de mis calcetines, finalmente me fui a dormir. ¡Estaba cansadísimo! Vaya que si lo estaba, que me quedé durmiendo hasta las cuatro y media de la tarde del sábado.
Viendo el asadero ahora y no desde el punto de vista de cuando llegué a casa, no puedo decir que me arrepienta de haber participado en el asadero. Durante mucha parte de él, todos mis compañeros y yo hemos trabajado muy bien en equipo como no lo habíamos hecho antes. Quitando a un lado los problemas y el cansancio, ha sido una gran experiencia, si bien una experiencia que dudo que vuelva a querer repetir. Desde fuera de la barra, las cosas parecen muy fáciles, pero para nada lo son. El trabajo que hay que llevar a cabo en el asadero de 500 personas es mucho más de lo que uno puede pensar en un principio. Creo que todos nos hemos dado cuenta de esto y, a su vez, nos hemos reafirmado en lo que estamos estudiando y por qué queremos hacerlo.